Tenemos que hablar de tetas

Volumen Ocho

Tenemos que hablar de tetas, de su flacidez y rigidez, de su redondez y su gravedad, de sus colores y de sus tamaños; tenemos que hablar de tetas porque de lo contrario, serán siempre un objeto de la industria pornográfica. Arrebatemos de esa cruel industria las tetas. Este volumen queremos explorar la sexualidad percibida en el mundo moderno; la cosificación de la mujer y sus efectos; buscar encontrarnos de nuevo en el erotismo, arrancarle a la hipersexualización de la mujer lo bestia que nos ha vuelto. Hablar de tabús y de mitos; hablar de tetas es un decir: tenemos que hablar de todos nosotros. Este texto presenta el dossier del Volumen Ocho de VOCANOVA.

POR Javier Talamás Weigend
4 mayo 2020

Tenemos que hablar de tetas

1.

Nacemos prensados a ellas. Y parece que así también moriremos. Me refiero a las tetas. Tenemos que hablar de ellas.

2.

Somos una sociedad adicta a tetas; su hipersexualización ha despersonificado a la mujer: son solo huesos y carnes que cuelgan dos tetas. Sin sexo no hay ventas; reducimos a la mujer a esas dos redondeces, a dos círculos; pero son dos círculos que marcan la doble moral. Y la obsesión, claro está, es de los hombres. A lo mejor porque nuestras dos redondeces son pequeñas en comparación a las de ellas, tuvimos que reducirlas a cosas que se consumen, que se agotan y desechan. Para eso existen. ¿Qué no?

3.

A toda hora las consumimos porque el reloj siempre apunta hacia el porno: a toda hora, en todo lugar, las consumimos. Antes del desayuno, en el celular, videos de porno rudo, de mujeres gimiendo, y sin siquiera pedirlo: ya es una obsesión con las tetas que llegan hasta el Whatsapp. Puede que el hombre, antes de ver su propio pene en la ducha, ya haya visto el de otros en video digital, y las tetas que hace bailar con su embestida tan pasional.

4.

Tallas, estilos, tamaños, el mundo de las tetas es uno que hemos creado los machos, y solo ellas lo hacen girar. Si por varios fuera, el planeta sería mejor una teta.

5.

Bubi, chichi, teta, busto. Qué más da: dominan al mundo del varoncito tradicional; en la tevé, el cine, y ¡hasta en los grupillos del Whatsapp! Blandas, grasas, silicón, no importa, el hombre se ha ingeniado para que a toda edad haya aún espacio en el cuerpo de la mujer para tetas cargar.

6.

Fue la teta de Eva lo que Adán consumió, y la Iglesia aún no supera ese incidente. ¡Déjenlo ser! ¿Qué apoco el hijo de Dios no mamó una teta también?

7.

¿Fue un varón el que dijo: ¡pues que envidia que la mujer cargue sus bolas tan grandes en un pecho y uno acá con las suyas tan escondidas y diminutas como perro faldero con su cola entre las patas!?

8.

Tenemos que hablar de tetas, de su flacidez y rigidez, de su redondez y su gravedad, de sus colores y de sus tamaños; tenemos que hablar de tetas porque de lo contrario, serán siempre un objeto de la industria pornográfica. Arrebatemos de esa cruel industria las tetas. Este volumen queremos explorar la sexualidad percibida en el mundo moderno; la cosificación de la mujer y sus efectos; buscar encontrarnos de nuevo en el erotismo, arrancarle a la hipersexualización de la mujer lo bestia que nos ha vuelto. Hablar de tabús y de mitos; hablar de tetas es un decir: tenemos que hablar de todos nosotros.

9.

Es un hecho: vemos más tetas en el celular que en la vida real. Tal vez eso seamos los hombres: infantes a los que le quitaron muy pronto su teta. Las tetas son de PornHub, YouJizz, YouPorn; son estética de la sexualidad. Si impriméramos el porno en la red, podríamos llegar a la luna sobre el papel. ¡Hasta la luna nos llevan las tetas! Falta poco para que lleguemos a ella y la veamos también como una teta postrada en el cielo.

10.

Basta ya de consumirlas. Tenemos que hablar de tetas.

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