Corolario feminista

Ser mujer es ser una condena. Al menos en México. ¿Cómo es el sentir colectivo? Le preguntamos a nuestras autoras qué era para ellas el ser mujer. Por acá reunimos sus testimonios. Nuestra corona de pétalos, que son espinas también.

por Redacción
24 Febrero 2020
Teimpo de lectura - 2 minutos 44 segundos
Fotografía por: Jackie Iga para Vocanova

 

Corolario feminista

Un corolario es aquello que no requiere de comprobación; algo que damos por sentado sin necesidad de futuras verificaciones. No requiere de una prueba posterior. Por ejemplo, que azul es el cielo, o que el humano tiene pies. Si la aplicamos a su campo matemático, nos parece un buen ejemplo este: todos los ángulos interiores de un cuadrado son ángulos rectos. Es una palabra lindísima no menos por su fonética que por su raíz etimológica: el vocablo corollarium deriva de corōlla (pétalos de las flores), diminutivo de corōna (corona). Entendemos que a los actores se les entregaba, como gesto de agradecimiento, una coronita; y así mismo en Roma, a los espectadores y a los invitados de los banquetes se les otorgaba una corona con abundantes flores.

Este ejercicio que pensamos en la Redacción de Vocanova es doble en ese sentido. Pareciera que con los feminicidios en aumento, no se necesitaría prueba en particular para demostrar la omisión del Estado, su ineptitud; para demostrar la sociedad machista y las masculinidades tóxicas; el ¿odio? a las mujeres: un odio institucional, virulento, pandémico;  pero en México a veces funcionamos en sentido inverso. Así que este ejercicio reúne testimonio de nuestras autoras a forma de corolario: una proposición que no debiese requerir comprobación particular: 11 muertas al día.

Ser mujer es ser una condena. Al menos en México. ¿Cómo es el sentir colectivo? Le preguntamos a nuestras autoras qué era para ellas el ser mujer. Por acá reunimos sus testimonios. Nuestra corona de pétalos, que son espinas también.

***

Isabel Papacostas

[ser mujer] es estar intranquila. vigilante.
siempre alerta.
a veces triste, ¿no?
ser mujer también es soñar mucho.
es imaginar otros mundos
crecer mujer también es darse cuenta:
ah, entonces eso que me paso en la secu,
y la manera en que hablaban mis amigos,
y la forma en que me miraba el profesor,
y cómo me trataba mi novio..

ser mujer es recordar mucho el pasado.
quizá demasiado.

Andrea Cazeres

La verdad es que me la paso pensando [en ser mujer] todo el tiempo; es desgastante.

María José Gutiérrez

La frecuencia con la que se defiende la violencia no hace más que confirmar que lo más humano no es la solidaridad, el amor y la empatía, sino que lo más humano es el desprecio y la crueldad, o por lo menos, así lo es en México. Y es un trago muy amargo abrir los ojos al lado más oscuro de la humanidad, para darnos cuenta de que está a la plena luz del día.

La fortaleza de la violencia es la misma indiferencia a la que es acreedora. Y sus soldados, los perpetradores y los observadores, que realmente no tienen nada que perder, continúan con sus pasos, con una tranquilidad que solo puede ser descrita como cínica. 

En cambio, las mujeres crecen alerta, y las niñas, algunas no llegan a crecer. Somos nosotras quienes tenemos todo que perder. Y aquellos que en posiciones de poder actúan como si escuchar fuera un acto de piedad, cuando la demanda es paz, es independencia, es igualdad.

Mishelle Muñoz

¿donde están?
las que no están,
las que no vemos,
las menos,
las silenciadas,
las inmóviles,
las afónicas…
el horizonte del horror se agudiza, se expande
el Estado no,
las instituciones no,
las normas no,
el poder no va a cambiar
nos queda sentir y construir
la justicia, la memoria, la paz, lo común
desde la autonomía
florecer y soñar en colectivo 
¿dónde están?
las que no están

Mafer Rodríguez

Desde hace poco más de diez años he sido consciente de que ser mujer te convierte en sujeta de la infinidad de expresiones de violencia. Violencia que se manifiesta todos los días, todo el tiempo. Pensar qué ropa usar para sentirte "menos incómoda" en el transporte público o porque debes caminar muchas cuadras; saberte en riesgo si es que caminas de noche, e incluso ya de día; saber que no habrá trayecto alguno en el que no sientas una mirada o escuches alguna expresión (no solicitada) sobre tu cuerpo. Eso si te fue bien y no te tocó algún manoseo. 

Algún día, irremediablemente, te llamarán zorra o puta o te amenazarán ("te vas a acordar de mí") porque no hiciste lo que querían que hicieras. Ser mujer es nunca ser suficiente. Se nos pide demostrar que somos doblemente capaces, para que se nos reconozca la mitad. Pareciera también que debemos justificar o dar explicación de nuestras decisiones. 

Ser mujer también es saber que tú, tu madre, tu abuela, hermanas, primas, amigas o compañeras de trabajo pueden no volver mañana a casa. Que todas, distintas y desiguales, compartimos un mismo sentir: dolor, miedo, rabia, impotencia. 

Hoy fueron ellas, las que hoy ya no regresaron, mañana puedo ser yo.

Jackie Iga

Vivo sola. No hay un día en el que no llegue a mi casa con miedo. No hay un día que me acueste a dormir tranquila. No hay un día en el que me sienta completamente segura.  

Desde ese 16 de mayo del 2018 cuando mi exnovio casi se rompe la mano queriendo tumbar mi puerta temo por mi vida.

Me dijo puta por milésima y última vez. Después salió con una amiga. Espero no le haya dicho así a ella. Espero no le haya roto ninguna puerta.

Mi mamá me dijo que era una zorra una vez también.

«Me salió en $1,500 pesos arreglar la puerta que rompió el pendejo de tu ex, entonces no te voy a dar regalo de navidad», me dijo mi hermano este diciembre.

Ojalá me hubiera pegado a mí ¿no?

El machismo está en todos lados. El machismo a todas nos lastima. No nos deja dormir. Nos hace sentirnos inseguras en nuestras propias casas. Nos rompe puertas. Nos dice “puta”. Nos deja sin regalos de navidad. 

Pero algunas no son tan afortunadas.

A algunas las mata. Las mata. En este país, 11 al día, para ser exactas.

Viva México.

Renata Kalife

Yo creo que lo que nadie te dice es lo mucho que duele que se sienta "evitable".
Que duela tanto saber que
Si hubieras caminado por otro lado
Si hubieras regresado antes
Si hubieras bailado menos
Si hubieras dependido de un hombre
Si no hubieras cuestionado nada
Si no hubieras alzado la voz
Si te hubieras quedado callada
Si hubieras usado pantalón en vez de falda
Si hubieras sonreído más
   Si no hubieras nacido mujer
   Nada de esto te habría pasado.

Mariela Benavides

La sangre no era tuya. La sangre fue de Fátima. Los sueños rotos no fueron tuyos. Esos también eran de Fátima. Las ganas de resistir no venían de ti. Pero esas también ya no están aquí . (Fátima, 12 años).

El miedo a dormir no era el tuyo. Pero el miedo a no despertar fue de Abril. Con un bate juegas béisbol. Con el mismo bate ella tembló de dolor. Tú besas tus hijos al dormir,  mientras la hija de Abril busca resignación. Abril (49 años)

El feminicidio buscó tocayas. Y esta vez encontró a otra Fátima. Más inocente. Pero también más pequeña. La culpa no era tuya. Pero tampoco de Fátima. No hubo falda. No hubo taxi. No hubo excusa. Fátima (7 años)

La culpa fue de Juan Carlos
La culpa fue del pelón
La culpa fue de Misael
La culpa fue de Luis Miguel
La culpa quizás fue de Mario
Y la culpa quizás también fue de Gladis.

Pero la culpa es de los machos
Y de algunas  mujeres a las que se les enseña a criar machos.
Y la culpa también la tienes tú
Por no entender que nos están matando
Por no entender que ya no queremos ser pasado.

E. Brant

Qué miedo ser mujer… 

Jamás había sentido tanto miedo dentro de mí. Me sentía privilegiada por tener una casa, dos gatos y una familia que estuviera ahí todos los días y noches para mí. Me llenaba de felicidad poder viajar de casa a casa de mis padres sin tener tanto miedo a que me pasara algo malo, o a que la persona a mi lado en el camión pudiese hacer algo inapropiado.

Ahora es demasiado triste salir de casa; todos los días [tengo] miedo a no regresar jamás. Ya no me siento privilegiada de mi familia y de sus cuidados; ya no me siento segura dentro y fuera de mi casa. Imagínate caminar todos los días con ese miedo, en donde se supone que debería de sentir seguridad.

Tengo rabia y todos los días me sucede algo. Desde un piropo en la calle que me hace sentir insegura, hasta en el metro cuando siento la respiración de un hombre en mi oído que me hace sentir amenazada. Porque a pesar de que el vagón va muy lleno y es solo para mujeres, no saben [los hombres] respetar el espacio exclusivo.

Tengo coraje porque afuera hay más de cien personas que esconden las atrocidades de México diciendo cosas maravillosas de él.   Y cuando les preguntan si es seguro viajar, si acaso es cierto que estamos cada día por los suelos, ellos responden que no, que las noticias exageran, que México es maravilloso en toda la extensión de la palabra; que hay naturaleza (en las comunidades donde las mujeres son vendidas o intercambiadas por comida o reses); que hay negocios (en donde las mujeres son maltratadas y mal pagadas); que hay hombres que están dándoles trabajo a las mujeres y subiéndolas de puesto (a cambio de pasar una noche con ellas); que hay espacios seguros para que las mujeres puedan transitar seguras (pero son esos mismos espacios en donde las roban, matan o llegan a tirar sus restos); que en México encontrarás personas muy amables (que son tan amables que engañan a niñas diciendo que las llevarán a casa y después las desaparecen, las matan, roban sus órganos y tiran sus restos a un bote de basura). 

México es maravilloso en toda la extensión de la palabra. En México encontrarás personas amables que te llevan a sus casas (o a la misma boca de lobo). Sí: México es maravilloso, maravillosamente  machista, misógino, mentiroso y asesino. 

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