El papel de la política cultural en la lucha contra el cambio climático

Volumen Cuatro

¿Qué papel debe tener la política cultural en la construcción de alternativas que nos permitan entender, reconocer, visibilizar, vincular y generar programas contra el cambio climático? Pensar en un futuro sostenible y biodiverso es actuar aprendiendo de quienes han entendido que la cultura y la naturaleza no son elementos disociados, que identidad y sostenibilidad no pueden caminar desde ámbitos divergentes. Para Mishelle Muñoz, el gran reto de la política cultural será quitarnos del centro.

por Laura Mishelle Muñoz González
5 Agosto 2019
Teimpo de lectura - 02 minutos 45 segundos
Fotografía S/D

El papel de la política cultural en la lucha contra el cambio climático

(Des) Entender la política cultural.

La cultura es una idea intrincada, ampliamente discutida, que permite numerosos enfoques hacia su definición. Desde el ámbito de la política pública, el concepto de cultura utilizado para orientar la política cultural generalmente ha sido empleado como sinónimo de las artes, o más bien tomado como el conjunto de prácticas o productos artísticos frente a los cuales el Estado define o no ciertas posturas. Sin ahondar mucho en el debate sobre qué es el arte, frecuentemente una Secretaría o Ministerio de Cultura, genera programas y actividades específicas, referentes a la literatura, la pintura, el teatro, el cine o la música. 

La cultura también se ha utilizado como equivalente de civilización. Ejemplo de esto es escuchar que alguien es culto porque lee a ciertos escritores o realiza ciertas actividades. Esta idea, sobre qué es ser “civilizado”, podría tener su origen en el discurso colonial europeo, en el cual se considera que las manifestaciones culturales de Europa son superiores a las que se encontraban antes de la llegada y conquista por los españoles. Hoy en día, aún podemos encontrar que esta concepción sobre las artes y su efecto civilizador, perdura en la política cultural. Tal es el caso de las Misiones Culturales en México, legado de José Vasconcelos, que ha resurgido como programa federal del gobierno actualmente. 

Tal vez el discurso más reciente ha sido el enfoque antropológico de cultura, que busca definirla en su acepción más amplia, como aquellos conocimientos, símbolos, rasgos espirituales, tradiciones, saberes, prácticas, o sistema de vida que caracteriza a una sociedad, grupo o comunidad. De este modo, si la cultura es tan difícil de limitar en una definición precisa o modo no ambiguo, la idea misma de política cultural —como algo que puede ser conscientemente regulado— resulta problemático.

A pesar de tener numerosos enfoques, para tratar de estudiar o reflexionar sobre la política cultural en México, conviene desde mi punto de vista, alejarnos de tratar de encontrar la visión explícita que se utilice de cultura, para preguntarnos qué se está logrando cuando se invoca este concepto para argumentar, justificar u orientar la política pública. 

En este sentido, creo que México ha seguido de diversas maneras, el modelo Europeo para organizar al sector cultural. Tomando como referente por ejemplo, la creación a nivel nacional de una Secretaría de Cultura, tipo de órgano gubernamental que existe en Francia desde 1959 y en Reino Unido desde 1946. De esta manera, la política cultural en México ha intentado retomar al menos tres concepciones de cultura: como sinónimo de artes, como civilización y como eje para apoyar ciertas tradiciones. Cada uno de estos ejes proviene de problemáticas y contextos histórico-políticos complejos.

E.l concepto de cultura utilizado para orientar la política cultural generalmente ha sido empleado como sinónimo de las artes.

Esta idea, sobre qué es ser “civilizado”, podría tener su origen en el discurso colonial europeo.

«Hace falta entender la política cultural más allá de sus dimensiones respecto al acceso y difusión de actividades artísticas o los derechos de autor e industrias creativas.»

Preguntar(se) Posibilidades

Desde este contexto, y ante las evidencias manifiestas de cambio climático, creo que como gestoras, artistas, investigadoras y colectivos que identificamos nuestro campo de acción y quehacer dentro del ámbito cultural, se vuelve más urgente reflexionar y preguntarnos: ¿cómo reformar y descolonizar la concepción de cultura y naturaleza?; ¿de dónde abrevarnos para crear o implementar ámbitos distintos de política pública?; ¿cómo vincular y ensamblar diversas posturas de cultura y naturaleza, desde América Latina?; ¿cómo generar políticas públicas no antropocéntricas?; ¿deben estar separadas la política cultural y la política ambiental?; ¿cómo podríamos entonces concebir entonces la gestión ambiental y la gestión cultural?

Hace falta entender la política cultural más allá de sus dimensiones respecto al acceso y difusión de actividades artísticas o los derechos de autor e industrias creativas. Con esto no quiero decir que nos olvidemos de la creación y educación, la investigación o el acceso y cuidado del patrimonio. Me refiero a la necesidad creciente de generar campos (in)disciplinares que nos permitan desobedecer y reformar las maneras en que reflexionamos sobre política cultural. 

«Existen numerosos ejemplos en México que dan cuenta de la relevancia de las relaciones entre naturaleza, identidad, diversidad y territorio»

«...una ventana en la que la política cultural y ambiental convergen: en la noción de patrimonio biocultural.»

Hacia una política pública biocultural 

¿Cómo podríamos entender la cultura en un sentido más amplio que considere como nos relacionamos con la naturaleza?

Existe una ventana en la que la política cultural y ambiental convergen: en la noción de patrimonio biocultural, que no es más que el conjunto de prácticas culturales estrechamente ligadas a la relación que tenemos con elementos de la naturaleza, las cuales forman parte de las identidades colectivas que pasan de generación en generación. Por ejemplo, podemos apreciarlo de manera cotidiana en la extensa gastronomía y cocinas de México. ¿Qué sería de nuestros rituales festivos y cotidianos sin el cultivo y consumo de una gran variedad de chiles o tipos de maíz? Existen numerosos ejemplos en México que dan cuenta de la relevancia de las relaciones entre naturaleza, identidad, diversidad y territorio Otro caso es la Milpa: agroecosistema que constituye no solo el sostén alimenticio de muchas familias, sino que además construye espacios físicos y simbólicos fundamentales para la historia social y cultural de distintas regiones en el país.1

Debemos pensar colectivamente en el papel que debe tener la política cultural en la construcción de alternativas que nos permitan entender, reconocer, visibilizar, vincular y generar políticas y programas para la gestión local cultural y natural del territorio. Es lamentable pensar que, sin una defensa integral y compleja de elementos como el maíz, el cacao, el chile, o la medicina tradicional, posiblemente estemos ante la pérdida de entornos naturales, ecosistemas tanto como de nuestras memorias e identidades. 

En este sentido creo que es importante accionar en el corto plazo sobre 3 ejes; 

1) Pensar en el papel de la sostenibilidad y pertinencia de las actividades artístico culturales como las entendemos hoy. Por ejemplo, al hablar de fotografía, poco nos detenemos a planificar sobre la idea de la cantidad de recursos minerales que se emplearon para crear el lente de una cámara, o lo contaminante que resulta subir una fotografía digital a internet. 

2) Crear verdaderos diálogos in(disciplinares), transdisciplinares, e interdisciplinares donde nos pongamos (los gestores e investigadores) en áreas incómodas y desconocidas.

3) Pugnar por un enfoque que asuma que política cultural también será cambiar la manera de legislar sobre métodos de producción y de consumo. Es decir, caminar hacia un entendimiento complejo de sostenibilidad (ecológica, económica, social, cultural).

Pensar en un futuro sostenible y biodiverso es actuar aprendiendo de quienes han entendido que cultura y natura no son elementos disociados, que identidad y sostenibilidad no pueden caminar desde ámbitos divergentes. 

El gran reto de la política cultural será quitarnos del centro.

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Referencias:

1CEMDA. 2017. Derechos Humanos y Patrimonio Biocultural. El Sistema Milpa como cimiento de una política de Estado cultural y ambientalmente sustentable. Centro Mexicano de Derecho Ambiental, A.C., México. 

Bennett, T., Frown, J., eds. 2008. The SAGE Handbook of Cultural Analysis. London: SAGE Publications.

Dominguez, V., 2000. Invoking culture: the messy side of "cultural politics". In Bradford, G., Gray, M., & Wallach, G., eds., 2000. The politics of culture. Policy perspectives for individuals, institutions, and communities. New York: The New Press.

Eagleton, T., 2000. The idea of culture. Oxford: Blackwell Publishing.

McGuigan, J., 2003. Cultural Policy Studies. In Lewis, J., & Miller, T. eds., 2003. Critical Cultural Policy Studies. Oxford: Blackwell Publishing. Chapter 3.

Williams, R. 2015. Keywords A vocabulary of Culture and Society. New York: Oxford University Press.

*Agradezco a mis compañeros y compañeras de PaCiencia la de México por las valiosas conversaciones y debates que inspiraron este texto. 

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