¿Es posible morir de tristeza?: la complejidad de la empatía humana en «las ruinas de la memoria»

Volumen Doce

Luis Guerrero ha sido galardonado con el primer lugar del premio Emilio Carballido, con Las ruinas de la memoria. Gerardo Cabaña lo entrevista en exclusiva para VOCANOVA.

por Gerardo Cabaña Zuloaga
11 Enero 2021
Fotografía por: Sarah Mazzetti

¿Es posible morir de tristeza?: la complejidad de la empatía humana en «las ruinas de la memoria»

Hace un par de años tuve la oportunidad de conocer al maestro Luis Guerrero. Me encontraba en un taller de teatro de la Universidad de Monterrey. Después de unas semanas ensayando me sorprendió su gran dirección actoral y su aguda percepción de lo humano; desde entonces no he vacilado en acudir a él en busca de un consejo o crítica. Cuando el pasado diciembre anunciaron su Primer lugar en el Premio Emilio Carballido, con Las ruinas de la memoria, fue grato constatar públicamente lo que ya sabía sobre su dramaturgia. No obstante, ante el importante reconocimiento, se prendió en mí la curiosidad por conocer la obra y entender la razón de que haya teatro de calidad en nuestros días, en nuestra ciudad. 

Me parece que un destino fatal persigue a los escritores de teatro: la dificultad de alcanzar los escenarios y el aplauso del público. Mi pregunta natural fue: ¿qué contenía Las ruinas de la memoria para sobresalir así? La publicación del texto tendrá lugar el próximo mes de marzo de este año 2021; por esa razón, Luis tuvo la bondad de compartirme el libreto antes de la próxima impresión. Mi intención era hacer una breve reseña. Con un café y luces navideñas titilando en la ventana, una noche absorbió mi atención y mis notas. 

El libreto nos sugestiona desde la primera página con la dedicatoria y el elenco de los dos únicos personajes, Adalberto y Pilar. ¿Qué vamos a hacer con dos personajes ancianos a través de medio centenar de páginas? Se abre el telón y los vemos discutir. Adalberto pregunta ¿dónde está Salvador?, y Pilar se queja de la enfermiza obstinación del viejo. Por un lado, Pilar parece cansada de tanto esfuerzo, y por otro, Adalberto, terco en su pregunta, desfallece poco a poco hasta morir. 

En la siguiente escena la situación es distinta. Los dos protagonistas conversan entre sí pero no hay controversia, hasta que se repite la interrogante: ¿dónde está Salvador? La terquedad del hombre exaspera a Pilar hasta lo indecible y el espectador puede notar que hay algo extraño. Las pistas lo delatan: una libreta, una pregunta que no quiere ser respondida y la evidente falta de memoria de Adalberto. 

Otra escena y nos encontramos en una situación diversa, de nuevo. Ahora están tocando a la puerta de una casa, mientras Pilar piensa y piensa en voz alta, Beto persiste en el umbral. Los engranes empiezan a encajar, y el lector se da cuenta de que vamos retrocediendo. Esto se pone en evidencia durante la cuarta escena donde notamos que sucede justo lo que viene antes de la tercera. La historia se desarrolla en dos direcciones temporales: una para los espectadores donde en cada escena retroceden al pasado, y otra para los personajes que en cada cuadro ignoran lo que vendrá en su futuro. 

Todo ese juego formal es hilado con impresionante maestría y generó en mí la búsqueda de su sentido. ¿Qué quería transmitir su autor con una historia sobre un hombre con Alzheimer y una señora fumadora, en el momento culminante de sus vidas? Las ruinas de la memoria posee escenas excepcionales, tales como el momento en que se trata la muerte: 

                                             ADALBERTO. ¿Cómo murió?

                                             PILAR. Sólo te voy a lastimar...

                                             ADALBERTO. Por favor. Necesito saber.

                                             PILAR....

                                             ADALBERTO. ...

                                             PILAR. Murió de tristeza.

                                             ADALBERTO. ¿Puede alguien morir de eso?

                                             PILAR. Es mucho más común de lo que crees...

La obra despierta una variedad de emociones en torno a la culpa, la promesa, la enfermedad, el destino y la memoria. Me pareció así conveniente completar mi interés por el contenido de esta buena obra de teatro, regia y del 2020, con una entrevista sucinta a Luis Guerrero.

Ante todo, un saludo, maestro, es un gusto platicar con usted, y felicidades. ¿Qué se siente haber ganado este premio? 

Es una satisfacción muy inesperada; la verdad venía concursando fácil más de 10 años, obviamente no con el mismo texto, pero para mí siempre era un sueño ganar este premio tan importante; por la publicación y todo lo que conlleva. Me cayó de una manera muy inesperada, al principio fue todo muy irreal, me tardé un par de días en procesarlo, en entenderlo. 

Para las personas que casi no conocemos el ámbito del teatro y de la dramaturgia, ¿este premio cuál es y qué representa? 

Este es el premio nacional de dramaturgia Emilio Carballido. La Universidad Autónoma de Nuevo León tiene con este premio más de veinte o treinta años, pero hace como diez, no recuerdo bien, ya cambió a Emilio Carballido. El premio se hizo mucho más grande en alcance, en cuestión económica y en número de participantes. Ya con la Universidad Veracruzana se hizo mucho más grande el apoyo, el premio, el prestigio. Pero bueno, en sí la UANL viene haciendo este premio desde hace muchos años, entonces muchos grandes dramaturgos locales y nacionales han pasado por esta premiación. 

¿Entonces este premio es de alcance nacional?

Sí, nacional, de hecho me decían que este año se rompió récord: fueron 288 trabajos, que es algo impresionante. Generalmente cuando yo empezaba en esto concursaban como noventa por año, pero se triplicó por la pandemia y la onda virtual. 

¿Cómo fue el proceso de la escritura de esta obra? 

La obra la empecé a escribir en el 2015. Empezó porque al lado de mi casa, aquí en Monterrey, toda la vida han vivido mis abuelos maternos. Cuando yo estaba en Canadá falleció mi abuelita, mi abuelito ya tenía demencia senil. Regreso de Canadá y al poco tiempo muere mi abuelo, el impacto fue grande. Me tocó vivir muchas experiencias con él, con la demencia senil y el tenerlo tan cerca. Vi cómo mi abuela luchaba por cuidarlo, no tanto por cuidarlo, por… iba a decir por entenderlo, pero tampoco, simplemente era una lucha el convivir con él, no en el mal sentido, vaya, no era tan dramática como suena la palabra pero sí fue muy pesado y ella nos decía alguna vez que nosotros convivíamos nada más un rato, un rato en la tarde, un rato para comer, pero no todo el día. Preguntaba por mi mamá, por mí o por mi hermana cada dos, tres minutos. Algo que me ayudó también fue que antes de irme a Canadá en el 2013, me tocó mucho convivir con él porque a mi abuela le da un infarto, que algo de eso tiene la obra. Me tocó a mí, no sé por qué tenía vacaciones de la escuela, no sé cómo se acomodó, y entonces me tocó cuidar a mi abuelo muchos días. Noté como mi abuelo preguntaba lo mismo y lo mismo una y otra vez. Mi abuela estaba en un hospital y primero le ocultamos la verdad, que ella estaba hospitalizada. Después seguía preguntando y preguntando, ya le dijimos la verdad y se le olvidaba pero seguía preguntando, sin embargo, el sentimiento se le quedaba. Llegó un punto que me marcó mucho porque nos dijo: “Es que estoy triste y no me acuerdo, no sé por qué”. El seguía preguntando e iba acumulándose el sentimiento y bueno, eso también lo plasmé en la obra. Entonces, me fui dando cuenta de la gravedad de la enfermedad y más que la gravedad, yo me preguntaba ¿qué será estar en la cabeza de mi abuelo? ¿cómo el percibe la realidad? Y bueno entonces todas esas experiencias sumaron, que muchas de ellas llegaron al papel como lo del infarto y las preguntas. Empecé en 2015, pasé por muchas versiones del texto. Primero eran dos parejas. Pero seguí pasando versiones y talleres hasta que finalmente caímos en esta, que son nada más dos personajes. 

¿Qué buscabas o de qué se trata Las ruinas de la memoria?

Yo creo que mis propósitos eran dos. Uno es que el público viva la experiencia subjetiva de lo que es tener la demencia senil, por eso elegí la estructura en reversa, porque al empezar cada nueva escena nos permite esta desorientación que es deliberada: «¿Dónde estoy?, ¿qué estoy haciendo?» Y entender qué están viviendo los personajes. Es lo que yo me imagino que sienten estas personas, de repente no saben dónde están, se confunden y el hacer preguntas es una manera de anclarse en la realidad. Y por otro lado, quería hacer un homenaje a las personas como mi abuela que tienen que cuidar a estas personas enfermas y muchas veces a costa de su propia salud. 

Vaya, yo nunca quise hacer la típica historia melodramática, porque hay muchas, del pobre viejito que pierde la memoria. Entonces, veía las grandes películas del Alzheimer, de la demencia senil, Still Alice, que vaya que son actuaciones muy fuertes, situaciones muy desgarradoras, pero todas acaban igual. Ves la degradación que es inevitable, es como morir. Ves cómo la persona va desapareciendo, la familia tiene que entenderlo o no lo entiende y se acaba. Yo también quería darle un giro a eso y decir sí, pero quería personajes un poco más complejos y me empecé a inspirar. No sé si está tan plasmado o si lo notaste en la obra de teatro, porque en cine la acabo de adaptar también este año y me enfoqué mucho en el cine negro, cine noir, estas películas como en blanco y negro donde hay mucha narración. Porque empecé a encontrar muchos paralelismos entre el film noir, estos mundos moralmente ambiguos, extraños y su narración. Todo me inspiró.

Y dos preguntas que creo todos tenemos, ¿cuándo sería la puesta en escena de esta obra tan interesante?, tomando en cuenta la situación actual del COVID, y ¿cuándo la versión en guion de esta obra se llevaría a la pantalla?, versión que también ganó un premio en CONARTE el año pasado.

En teatro ya me la han pedido varios amigos productores para ver la posibilidad de hacerla, pero ahorita todavía no hay nada. Y en versión de cine es igual, es un camino más largo y arduo en buscar los fondos, buscar el apoyo y todo esto, pero estoy sobre eso, no creo que este año sea tan fácil hacerla pero sí empezar a mover el proyecto. El guion ya lo mandé también a socios, amigos productores, ojalá que se haga realidad. Yo veo mucho potencial en ambas. En teatro porque casi no hay papeles para personas de tercera edad con este grado de complejidad o de estos tonos de los personajes. Que no sean los típicos abuelitos lindos. Estos personajes tienen secretos, toda la onda de narración. Y en cine, hacer dos personajes o dos y cachito contando los incidentales, creo que no es tan complicado de filmar. 

Y bueno, ¿cuál crees que sea una buena razón para pedirle al espectador que vea esta película o puesta en cena? 

O que la lea… [Jaja] yo creo que para conocer un poquito más de este tema tan fuerte con una óptica diferente. Quién sabe, de repente me entrevistó una persona, creo que se equivocó, porque nos dijo: «Sí, todos vamos a acabar con demencia senil o Alzheimer» y yo me quedé pensando, no todos, no le pasa al 100 por ciento de la población. Pero, finalmente creo que ponernos en los zapatos de alguien que tiene esta enfermedad o está viviendo este proceso, creo que encontramos cosas muy humanas que nos conectan con ellos. 

Como dramaturgo aquí en Monterrey, ¿cuál crees que sea la importancia de seguir manteniendo el teatro o escribiendo obras de teatro en Nuevo León?

Bueno, igual mezclo un poco más contigo, que fuiste a ver Litoral. Porque lo mismo me preguntaba hace poco: ¿para qué? ¿para qué hacer esto? Ahorita en la pandemia estaba en un proceso de monólogo que también les llegué a contar, un monólogo de un chico, su mamá está enfermando. Fue muy difícil sacar todas estas emociones y escarbar en tu alma ¿qué te duele?, ¿qué te preocupa? Pero finalmente a mí algo que me interesa mucho es conectarnos los unos con los otros. Es decir, aunque vea una historia de un chico que pierde a su papá y que va al Líbano, a lo mejor voy a encontrar algo que me conecte con algo que estoy viviendo, con la demás gente que está viendo el texto o la obra en cada función. Es algo muy especial y muy único. Para mí, eso me llama la atención. No sé si esté bien, o sea, si es suficiente razón, porque también cada uno tendrá su propósito de por qué hacer teatro, ¿para qué y por qué? Pero a mí sí me gusta mucho el conectarme. Porque yo, Luis, al leer un texto si yo siento algo, si yo me conmuevo o me pone a reflexionar, algo me llama la atención o me pone a soñar, mi instinto como creador es: quiero que la gente lo viva. Me pasó con varias obras que he elegido hacer, me conmueve tanto un texto, me gusta tanto, que digo es que quiero que la gente viva esto. Luego uno traduce esta experiencia que tuvo al leer, lo transforma en escena para que la gente lo sienta al verlo. Entonces sí a mí lo que me mueve es el conectar.  

 

Me pareció que las palabras del maestro Luis contestaron mejor mis dudas, pero no sólo ello: Contestaron la necesidad de tener teatro en la ciudad. Las ruinas de la memoria se destaca por el interés que movió a su autor para conectar con nosotros. Son vivencias transmitidas a través de una historia, que nos llevan a empatizar con tantos seres humanos que pasan por enfermedades, culpas y soledades que no comprendemos. Siempre se dice que es imposible estar totalmente en los zapatos de otra persona, pero cuando más nos acercamos a esa meta, es cuando nos cuenta su historia a corazón abierto. Por eso Luis usó la escritura y el teatro para contar. Y esta obra muestra que en Monterrey todavía hay mucho que contar. 

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