La hiperpolitización millennial: de los clicks a las calles

Volumen Cinco

El millennial: inconformista, apático, ruidoso e inquieto; el dolor de muelas de los Baby Boomers. Nuestra sociedad actual es una que debe cuestionarse y los millennials están aquí para hacerlo.

por Mafer Rodríguez
11 Noviembre 2019
Teimpo de lectura - 01 minuto 50 segundos
Fotografía S/D

La hiperpolitización millennial: de los clicks a las calles

Un abrir y cerrar de ojos es suficiente para dejar atrás los primeros veinte años del Siglo XXI. Buena parte de quienes recordamos la llegada del año 2000 –y todos sus temores– pertenecemos a la generación llamada millennial, la misma a la que se le ha tachado de apática, inconforme con todo (o con casi todo) y profundamente egoísta. 

 

¿Esto es realmente así? ¿Quiénes nacimos en la década de los ochenta y los noventa en verdad somos eso que dicen? ¿Será que quienes nos califican de esa forma no se han dado cuenta que en realidad somos consecuencia del caos e incertidumbre, pero paradójicamente también somos resistencia?

Basta con abrir alguna red social, un portal de noticias o blog para encontrar fotografías y videos de las manifestaciones más recientes y con ello, darse cuenta de que –en su mayoría– las personas jóvenes son quienes están al frente. La marea verde que empezó en Argentina y rápidamente contagió a toda la región, las protestas en Chile, las movilizaciones para revertir los daños del cambio climático, las marchas derivadas del movimiento #MeToo, entre otros, son tan solo ejemplo de ellas. 

Entonces… ¿por qué se dice lo que se dice sobre las y los millennials cuando en realidad, una parte de nuestra generación está actuando para cambiar la peligrosa herencia que se nos ha dejado? 

Entre otras cosas, internet ha posibilitado una conectividad prácticamente infinita y (para bien o para mal) la proliferación de información en tiempo real: cualquier persona con acceso a un teléfono puede convertirse en generadora de contenido. Una especie de transmisora de historias en cualquier parte del mundo y a toda hora. Esto también ha provocado una hiperpolitización de las personas. Con tan solo entrar a Twitter o Facebook se puede medir el pulso político de una ciudad, país o región.

Habrá quienes digan que esta hiperpolitización es alentada por otros factores (por ejemplo, el caso de Cambridge Analytica), pero eso es otro boleto. No todo lo que pasa en nuestra vida pasa ni es producto de las redes sociales. 

Lo que busco con esto es referir que hoy más que nunca, nuestra generación expresa de distintas maneras sus preferencias y, en consecuencia, participa activamente a favor de estas: los movimientos feministas, los ambientalistas, los de la diversidad sexual, los antirracistas, los antiespecistas o los anticolonialistas; todos son posicionamientos políticos de quienes los integran. 

No obstante, esta hiperpolitización también se caracteriza por la inmediatez, por la fugacidad de las causas, de los reclamos y de las motivaciones que han derivado en manifestaciones. Algunas personas dirán que un par de clicks aquí y allá, sumarse a un hashtag o una protesta no son suficientes para considerarse como una manifestación o apoyo, pero… ¿quién o qué determina cuando se trata de un ejercicio político o no? ¿qué le caracteriza? ¿su temporalidad? ¿el espacio donde se presenta? 

Creo que la respuesta podría ser el alcance que tienen. Estas acciones –sean del tipo que sean– han producido cambios en las relaciones sociales y, en algunos casos, en las leyes y/o políticas públicas, lo que ha contribuido a la ampliación de derechos y su ejercicio. Entonces… volvamos al punto ¿es la generación millennial aquella apática y egoísta que dicen? No lo creo. 

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