Nosotros los Nacos

Volumen Tres

Naco es el maleducado, el mal vestido, el grosero y el ignorante. Naco es el inferior. Naco es el indígena. Nuestro lenguaje es espejo de nuestra comunidad, nos delata. El rezago social, las decadencias y la discriminación que sufren los pueblos indígenas en nuestro país no son incidentales o aislados. La palabra naco lo muestra. Nadie quiere ser naco o asociarse con él. Naco nos permite a separarnos unos de otros y así lo hemos hecho.

por María José Gutiérrez Rodríguez
6 Mayo 2019
Teimpo de lectura - 2 minutos 54 segundos
Fotografía cortesía de la Secretaría de Cultura

Nosotros los Nacos

Naco es el maleducado, el mal vestido, el grosero y el ignorante. Naco es el inferior. En cualquier conversación, trivial o elevada, quien se refiere a naco se refiere ellos. Si no lo confirmas tú lector, lo hará tu vecino. El uso de esta palabra ha adoptado una serie de diversos y denigrantes insultos, a veces hasta creativos. Pero, el significado sigue siendo solo uno: indio. 

Así es, indio es la definición oficial de la palabra naco. A lo que pregunto ¿le estamos llamando a las personas indígenas, maleducadas, ignorantes y de mal gusto? ¿o le estamos llamando a los maleducados, a los ignorantes y a las personas de mal gusto, indígenas? Es extraña la asociación entre conceptos que deberían ser independientes uno del otro. 

Ahora, si el diccionario continúa usando esta definición, es porque así hemos empleado la palabra.  El diccionario no crea palabras, recopila usos. Y en México, cuando clasificamos a alguien como naco,“sinonimizamos” al inferior y al indígena, sea por sus costumbres, por su ropa o por su educación.  

Este fenómeno resulta interesante cuando lo abordamos desde el punto de vista de la genética y el mestizaje en nuestro país; cuando le desterramos la raíz genética, quiero decir. Me explico. La universidad de Stanford determinó que, en México, la diferencia entre mestizo e indígena atiende a la autodeterminación y a factores sociales, culturales, lingüísticos y socioeconómicos, más que a diferencias genéticas. Es decir, el proceso de colonización del país no redujo la prevalencia de genes indígenas en la población —como sucedió en otras naciones, v. gr., Uruguay—, lo que resultó en una la población altamente diversa desde el lente de la genética. O sea, el mexicano es el resultado de una historia estrecha y todavía reciente entre nativos y extranjeros; hoy todos somos mestizos y todos somos indígenas.

En un país tan diverso como el nuestro, en donde la mayoría de su población encuentra sus raíces étnicas en grupos indígenas (distintos unos de otros), la diferenciación y marginación que hacemos es meramente cultural. Es decir, por ser diferente el otro, se le ha de considerar inferior

Nuestro lenguaje es espejo de nuestra comunidad, nos delata. El rezago social, las decadencias y la discriminación que sufren los pueblos indígenas en nuestro país no son incidentales o aislados. Nadie quiere ser naco o asociarse con él. Naco nos permite a separarnos unos de otros y así lo hemos hecho.

Toni Morrison creía que el lenguaje no debía ser arrogante y pretender solucionar por sí mismo problemas eminentemente materiales. Sin embargo, existe sin duda una capacidad de moldear el pensamiento por las palabras que decidimos usar.  Esta capacidad puede ser tanto inspiradora y amable, como denigrante y grosera, o válgame, naca.

Optar por un lenguaje respetuoso no cambiará las circunstancias sistemáticas ante las que se enfrentan los grupos vulnerados. Pero, el lenguaje definitivamente moldea la estructuración de nuestras ideas, rompe o crea prejuicios y tiene una injerencia —a veces sublime, a veces no— en nuestras acciones. Más aun, y puede ser mi parte favorita: el lenguaje es la herramienta de la discusión, es el vehículo para el intercambio de ideas.

La palabra naco/a no va a desaparecer de nuestro vocabulario. Existe. Pero conocer su significado oficial en contraposición a su uso coloquial devela una realidad mexicana. Marginamos a clases y a grupos, y en ello, no sólo los desplazamos e ignoramos, sino que los convertimos en un insulto.

Frente a esto, vale la pena reconocer cómo discriminamos. Sea con el descuido de nuestras palabras, perjuicios que sostenemos o acciones que propiciamos. Usemos el lenguaje como la herramienta que es y comencemos a discutir.

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