Una última canción

Volumen Dieciséis

Michelle reflexiona sobre las rupturas a partir de la música. Se pregunta si acaso no es gracioso que una canción logre desatar tanto: risas, lágrimas, recuerdos, decisiones… todo por unos cuantos versos y el ritmo de instrumentos

POR Michelle Mijares
6 septiembre 2021
FOTOGRAFÍA POR: VOCANOVA

Una última canción

Estaba sentada al fondo de la sala con una ginebra en la mano y la mirada al piso. Trataba de lucir discreta. No quería que se notara mucho cómo sostenía con nostalgia esa almohada violeta. Nadie lo había notado. Ninguno se había percatado de la nube negra que en mi mente se formaba. Pero comenzó a sonar la canción y de repente te sentí encima. Sentí con cada letra de aquella melodía tu recuerdo en mi mente y tu presencia ausente. Casi como si no hubiera pasado el tiempo, como si no fueras más que un vago recuerdo. Ahí estabas, sujetando mi mano, apretándome con tus nudillos como si no quisieras soltarme y supieras que nuestro último momento juntos sería solo a lo largo de aquella canción.

Comencé a perderme en los primeros versos… poco a poco fui reconstruyendo las memorias que los acompañaban. Siempre empecé por las memorias felices, las que no duelen. Aquellas que te dan nostalgia y logran que olvides un poco, porque es mejor estar así. Qué fácil es perderse en canciones y palabras ajenas buscando un referente que logre explicar el desastre que se lleva dentro; qué sencillo es romantizar los recuerdos cuando una canción los acompaña.

Solo que esta canción es diferente… esta me dio un punto de partida. ¿No es gracioso que una canción logre desatar tanto? Risas, lágrimas, recuerdos, decisiones… todo por unos cuantos versos y el ritmo de instrumentos. Recuerdo bien el día que la escuché. Sentí que la melodía me tomaba de la mano y me decía que no había problema con lo que yo sentía. Alguien más había logrado describir con sinfonía todo lo que por alguna razón yo no decía. Tengo memorias de darle replay varias veces al día, porque necesitaba el consuelo que la canción me transmitía.

Desde aquel día no la escuchaba. La dejé ir como dejé ir tantas cosas. La encerré en un baúl de memorias cuya llave decidí perder por mi bien (y por el tuyo). Recuerdo cuando cantábamos el coro juntos. Íbamos en tu camioneta, por la carretera. Aún recuerdo los paisajes y las fotografías que tomé cada vez que te detenías en caseta. Si lo miras desde lejos parece un retrato feliz. ¿Gracioso, no? Detestabas esa canción. Casi como si supieras que la sentía a un nivel personal y que no me atrevía a decirlo en voz alta. La ponía tanto que memorice sus letras, pero ese solo era otro ejemplo de todas las cosas que nos separaban ¿no?

Esa canción solo era otro ejemplo de cómo buscábamos detenernos. Quería detener que me fuera y yo quería quedarme. No encontraba explicación a ese sentimiento; esa otredad. Lo que un día brillaba por la noche se apagó y de pronto ya no había necesidad de un último beso, ni un abrazo. No tenía sentido tratar de detener el tiempo. Simplemente ya no había más. Nos habíamos resbalado juntos al final de la cuerda… y la verdad es que el piso ya no estaba tan lejos.

Que irónico que al estar sentada en una sala, rodeada de personas, una canción pueda activar tanto en mí. Mediante una melodía logré perderme en mis pensamientos y desconectarme solo por unos momentos del presente en el que estaba parada y remontarme a un pasado que parecía lejano. Como soundtrack de película reviví cada recuerdo en su más vívido esplendor.

Pude mirarme a mi misma en el momento que decidí cruzar la puerta… esa puerta que llevaba tiempo abierta. No buscaba desenterrar nada, solo escuche la canción.

Sentada en esta sala viajo a un mundo donde estás enfrente, busco mediante la melodía un consuelo. Y quizás sin querer, escuchar esta canción, en este momento era lo que necesitaba. Tal vez en un mundo lleno de coincidencias llegue al momento indicado de cerrar las puertas. Probablemente el escuchar una canción en una tarde de copas era lo que hacia falta para decidir que esa sería la ultima. La ultima canción que escucharía y me permitiría pensar en aquel amor. En aquellos recuerdos que encerré como memorias guardadas dentro de un cajón, y que ahora se irán como todo lo que un día fue.

Pienso que con el tiempo uno se da cuenta de que los caminos no siempre van para el mismo lado, que quizá las líneas paralelas comienzan a ser desiguales y que cuando la vida avanza los sentimientos a veces cambian.

Nada es para siempre. Puede ser por palabras, oraciones, tal vez fueron conversaciones o incluso la falta de nuevas canciones. Pudo ser un día, semana o mes… a veces dudo si el tiempo tiene algo que ver. Solamente pasa. Te levantas y dejas de buscar algo que antes anhelabas. Pueden ser abrazos o simplemente sujetarse de las manos. No es planeado pero tampoco imprevisto. Se va sin preguntas, sin permiso y sin explicación.

La música puede ser como una máquina del tiempo. Las letras y la melodía son una combinación que puede remontarte al pasado como nada más lo hace. Tuve el placer de sentir en esos breves tres minutos aquel aroma tuyo y la risas que algún día hubo. Y mediante ese viaje hacia atrás volví a sentir como todo se rompía en aquellos días. Las fantasías y las promesas que un día se hicieron comenzaron a sonar como cuentos en mi memoria.

Ahora sigo sentada en esta sala con un poco menos de ginebra y ya me desprendí de la almohada violeta. Siento aún tu mano sobre la mía, por esta última vez. Está por terminarse la canción y creo que es momento de que el pasado y yo nos perdamos en esta última canción que aparece en la fiesta de manera azarosa pero que irrumpe en mí la memoria y el recuerdo. Soltaré poco a poco tu recuerdo. Te dejaré ir. Te confesaré que un día el tiempo me pareció demasiado y la vida muy poca… que pienso que volar se siente mucho como caer al principio y dejar ir se siente como perder el control. Pero ya no había maneras de engañar al corazón, porque cuando el amor se escapa nunca dice adiós.

Así que es así como termina. Un día al azar con ginebra, en la sala y un sillón. Escuchando aquella canción que algún día significó tanto, y ahora pasará a ser un recuerdo que se pierde en la playlist de un extraño un sábado por la tarde en una fiesta de cumpleaños.

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