Quiebre de Lente

Volumen Dos

Cuando solo cabe una única verdad, no nada más perdemos una de las condiciones esenciales para sobrellevar nuestra vida -la imaginación-, se pierde también la capacidad de crítica frente a quien busca imponerla. Quiebre de lente busca romper el cristal por el que habíamos mirado hasta ahora la realidad; experimentarla a través de las artes, que tienden a revelarnos las otras tantas maneras de percibir, de sentir. El Volumen Dos de Vocanova busca esto: revelar todas las otras maneras de percibir el mundo, a través de las artes.

POR Javier Talamás Weigend
4 marzo 2019

Quiebre de Lente

Alguien ha borrado una entrada en la letra uve del diccionario. No debe causarnos asombro: antes fue desplazada de la lengua. ¿Fue por puta? Como abeja polinizadora, que va de flor en flor, alegre dejando sus laureles de diva, de musa, de creadora y de guerrera, la verdad se volcó de boca en boca, hasta que perdió esencia y significado. Allende y aquende ella comerciaba sus entradas en los políticos discursos; en las redes encontró un enjambre sin conciencia, pero organizado cual colmena, ansioso por su dulce miel -esa que probamos cuando al pronunciarla nos mordemos nuestro labio-, y avorazado, hambriento, el enjambre sobre ella abalanzóse. A mejor vida ha pasado ese vaho de aire que exhalamos para pronunciar la bella uve de la Verdad.

Verdad es que sufrimos; verdad es que vivir es agonía; verdad es que la muerte es soledad; verdad es el ateísmo, el taoísmo, y el budismo; y por supuesto, el cristianismo; verdad es que la ciencia es la verdad; aunque también, verdad es que reímos; verdad es que vivir es goce; verdad es que gregaria es nuestra alma; verdad es que Dios nos hizo y verdadera nuestra fe; también verdad es que el amor ya no nos salva; verdad es que almas no tenemos; verdad es que vivimos ya sin arte; verdad es que nosotros estamos muertos, y el arte vive; verdad es que el pueblo elige a su tirano -y no al revés-; verdad es que vivimos por amor; verdad es que nuestra alma ya nos salva; verdad son los gigantes del Quijote; y verdad es su loquera; verdad es que las plantas ya nos dan petróleo; y verdad es que las hay flores sin colores; verdad es que la riqueza de dinero lo es todo; y verdad es que la pobreza de espíritu es la nada; verdad comunista; verdad democrática; verdad liberal; verdad conservadora; verdad, verdad, verdad, ¡qué cansado es asemejar todo a la verdad! ¿Una? ¿Dos? ¡Cuántas realidades! Mejor quebremos el lente por el que las miramos.

***

Se quiebra el lente y con ello se nubla la vista. Lo que nos parecía tan preciso, tan reconocible, se nos presenta entonces como deformado, irreconocible, fantasmal: como en un día de lluvia miramos por la ventana y vemos al mundo en las gotitas que se aferran en ella: como propio sudor del vidrio, del mismo modo presenciamos este mundo evaporarse entre tantas verdades, tantas realidades. Decir que se quiebra el lente, es decir que nos quebramos a nosotros, a nuestros ojos, y a la lupa a través del cual percibimos nuestra realidad. Parece ser que ya no hay cabida para la verdad…¿pero habrá una verdad única de nuestra realidad, una sola verdad para percibir el mundo?

Cuando solo cabe una única verdad, no nada más perdemos una de las condiciones esenciales para sobrellevar nuestra vida -la imaginación-, perdemos también la capacidad de crítica frente quien ostenta en sus labios a la bella uve y pretende imponerla. Y si no hay lugar para la crítica, menos lo hay para las artes y la cultura, que tienden a engañarnos; o más bien: a revelarnos las otras tantas maneras de percibir, de sentir.

Si este lente de veras nos muestra solo a una realidad, quebrémoslo. Ya por enojo, por rebeldía o discordia; quiebre de lente, para sentir y pensar diferente. Porque sin el lente adecuado y con la vista cansada, o ya casi muerta, fruncimos el ceño para apretar, no solo el ojo, sino a la misma realidad: se nos escapa, la estrujamos pero se nos vuelve humo en el puño.

Todo enjambre de gentes que habita el planeta parece enojado con algo. El ceño y su arruga delata. (Pobres trincheras de piel que se cavan allí en la frente: tan solo su lente no han roto.)

***

Nuestra generación padece su propio sarampión, su peste negra: el self-entitlement. Las ideas que nos habían moldeado, se hacen arena, ni barro; las borramos como en la pizarra se esfuma la tiza tras una clase de aritmética: apenas y queda su manchita esponjosa. En la Era del pulgar, una de las características es que el yo cibernético es completamente ajeno al de la carne y hueso. Eso nos ha hecho descreer de la paradoja de Karl Popper (intolerar la intolerancia). Es decir, enfermos de este sarampión, se cree que el derecho a una opinión presupone el respeto a ella misma.

***

Quebrar el lente es una metáfora y no: también nos obliga a no dejarle al televisor nuestro modo de pensar, y de ahí creo que entre más se acerque a la literalidad, mejor. Conlleva, en el sentido alegórico, depositar nuestra fe en las artes, y no solo en nuestra opinión. Depositar la fe no en un sentido religioso, ni capitalista (dotarlas de algún valor de acuerdo a su función), sino vivir y creer que, a través de ellas, nuestro mundo puede hacer mayor sentido.

En este volumen nos atrevemos a pensar y ver más allá del lente que nos han impuesto. Ruth Armas, Mafer Rodríguez, Renata Kalife y María José Gutiérrez, por ejemplo, se replantean el feminismo y el modo de verlo en lo político, lo social, en las artes y en las vivencias personales. ¿Qué hay en esa lucha que nos hemos estado mirando bien?

Poemas que se cargan de imágenes bellísimas, versos de lo cotidiano -como en los dos poemas que publicamos de Isabel Papacostas y de Eduardo Taylor-, nos enseñan que el poeta es quien percibe y vive el mundo de un mundo distinto, no quien escribe: poetas debemos de ser todas las personas.

A través de los lentes de la cámara de Paulina T.W., Anna Karen Garza y Hane Garza, convertimos en un instante, en un pictograma, al mundo entero: el gastronómico, el arquitectónico, el turístico. Todo se dota de sentido cuando nuestros sentidos reposan en la cámara.

***

Tengo una desafortunada impresión: las personas ya no creemos en el arte como filosofía de vida. Es tan solo un bien, otro más, que la mano invisible puede aprehender; y tomar; y estrujar; y aventar; y vender; y estrellar.

***

Nacemos todos los días: nos concebimos en el vientre del sueño, y en esa ceguera, vemos distinto. El párpado nos sepulta. Las sábanas son flores para esa tumba tan nuestra, y tan grata. Allá vamos de nuevo: a inventarnos un mundo sensible. Lógico. Coherente. ¿Lo logramos? ¿Qué distinción hay entre lo soñado y lo imaginado?

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